Blades, con espíritu curioso, rastrea con mentalidad científica las amenazas constantes, sus causas y consecuencias, a las que están sometidas nuestras preciosas y preciadas bibliotecas, públicas y privadas. Por lo demás, no falta el momento para la anécdota chusca y el sentido del humor al narrar decenas de historias sobre la pérdida y destrucción de libros. Especialista en la vida y la obra de William Caxton, el primer impresor de Inglaterra, Blades recorre bibliotecas en busca de singulares volúmenes, y rastrea la pista de libros raros y joyas bibliográficas, olvidados en algún desván, malvendidos a un librero analfabeto, o medio destruidos por el capricho o el descuido de sus dueños. Su bibliomanía, su pasión por los libros antiguos, valiosos y bellos, lejos de responder a un interés personal, estuvo siempre al servicio de la sociedad: Blades tuvo, quizá por británico, un alta conciencia de lo público, es decir, de que su labor era en beneficio de la comunidad, y que el rescate de esas joyas bibliográficas no tenía mejor fin que el de engrosar y proteger el patrimonio cultural de la sociedad en la que vivía.
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