Band 422
La prueba de los amigos
Aus der Reihe
Teatro
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Produktdetails
Format
ePUB 3
Kopierschutz
Ja
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Text-to-Speech
Ja
Erscheinungsdatum
01.05.2013
Verlag
LinkguaSeitenzahl
158 (Printausgabe)
Dateigröße
1405 KB
Sprache
Spanisch
EAN
9788499532493
La prueba de los amigos. Félix Lope de Vega
Fragmento de la obra
Jornada primera
(Entren Fabio, Fabricio, Tancredo, Fulgencio y otros, de acompañamiento, y Feliciano, con un luto; y detrás de todos Galindo, lacayo, con otro luto a lo gracioso.)
Fabio: Téngale Dios en el cielo,
que, juzgando por sus obras,
mejor padre, muerto, cobras
que le perdiste en el suelo;
tales fueron sus costumbres,
que pienso que, desde aquí,
le puedes ver como allí
se ven las celestes lumbres.
Fulgencio: En mi vida supe yo
dar un pésame, Tancredo.
Tancredo: No me dio cosa más miedo,
ni más vergüenza me dio.
¿Cómo diré que, en rigor,
de consuelo le aproveche:
"¿Vuesa merced le deseche
por otro padre mejor?"
Fulgencio: Eso fuera desatino;
óyeme e imita luego.
Tancredo: ¿En fin, vas?
Fulgencio: Temblando llego.
Como el gran padre divino
lo es de todos inmortal,
consuelo podéis tener,
que os ha de favorecer,
Feliciano, en tanto mal;
su falta se recupera
con poneros en su mano.
Fabricio: No es posible Feliciano
que en vos Everardo muera,
quedando tan vivo en vos,
que sois su traslado cierto;
pero guárdeos Dios, y al muerto
téngale en su gloria Dios.
Fragmento de la obra
Jornada primera
(Entren Fabio, Fabricio, Tancredo, Fulgencio y otros, de acompañamiento, y Feliciano, con un luto; y detrás de todos Galindo, lacayo, con otro luto a lo gracioso.)
Fabio: Téngale Dios en el cielo,
que, juzgando por sus obras,
mejor padre, muerto, cobras
que le perdiste en el suelo;
tales fueron sus costumbres,
que pienso que, desde aquí,
le puedes ver como allí
se ven las celestes lumbres.
Fulgencio: En mi vida supe yo
dar un pésame, Tancredo.
Tancredo: No me dio cosa más miedo,
ni más vergüenza me dio.
¿Cómo diré que, en rigor,
de consuelo le aproveche:
"¿Vuesa merced le deseche
por otro padre mejor?"
Fulgencio: Eso fuera desatino;
óyeme e imita luego.
Tancredo: ¿En fin, vas?
Fulgencio: Temblando llego.
Como el gran padre divino
lo es de todos inmortal,
consuelo podéis tener,
que os ha de favorecer,
Feliciano, en tanto mal;
su falta se recupera
con poneros en su mano.
Fabricio: No es posible Feliciano
que en vos Everardo muera,
quedando tan vivo en vos,
que sois su traslado cierto;
pero guárdeos Dios, y al muerto
téngale en su gloria Dios.
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