Band 411
La devoción del rosario
Aus der Reihe
Teatro
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Produktdetails
Format
ePUB 3
Kopierschutz
Ja
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Text-to-Speech
Ja
Erscheinungsdatum
31.08.2010
Verlag
LinkguaSeitenzahl
132 (Printausgabe)
Dateigröße
1033 KB
Sprache
Spanisch
EAN
9788498977196
La devoción del rosario es un auto sacramental de Lope Vega.
Fragmento de la obra
Jornada primera
(Sale Pedro Germán, monje, solo.)
Pedro Germán: ¡Dios sin principio y sin fin,
cuyos soberanos pies
pisa el mayor serafín!
¡Dios uno y Personas tres,
que entender quiso Agustín,
y en el ejemplo del mar,
que el niño encerrar quería
en tan pequeño lugar,
vio que ninguno podía
tan gran piélago aplacar!
¡Dios, de quien solo creer
es más justa reverencia
que no intentaros ver,
cuál impulso, qué violencia
aquí me pudo traer!
Señor, en mi celda estuve:
¿cómo me traéis aquí?
Mas... ¿qué prometida nube
de oro y Sol se acerca así
que sobre mis hombros sube?
Como si en una linterna
su cuerpo el Sol se encerrara,
le alumbra la luz interna
y la superficie clara,
bañada en su lumbre eterna;
juntos caminan los dos
al monte de vuestro cielo.
¿Qué es esto, divino Dios?
O es que Vos bajáis al suelo
o sube algún santo a Vos.
(Suspéndese el monje, y con música sube por una canal una figura de papa, con capa y tiara.)
¡Válgame el cielo!, podré
decir por este varón
que por las nubes se ve:
¿Quién es éste, que de Edón
sube, puesto que no fue
con vestidura vestida?
Sí, que es el alba ceñida,
y la capa y la tiara
vencen del Sol la luz clara
por el oriente esparcida.
¿Quién serás, confesor santo,
con ese precioso manto,
tú que por corona tienes
tres esferas en las sienes
que tus canas honran tanto?
Tu luz apenas resisto;
más bien muestras, verde cedro,
ya sobre el Líbano visto,
que eres sucesor de Pedro,
aquel Vicario de Cristo.
Fragmento de la obra
Jornada primera
(Sale Pedro Germán, monje, solo.)
Pedro Germán: ¡Dios sin principio y sin fin,
cuyos soberanos pies
pisa el mayor serafín!
¡Dios uno y Personas tres,
que entender quiso Agustín,
y en el ejemplo del mar,
que el niño encerrar quería
en tan pequeño lugar,
vio que ninguno podía
tan gran piélago aplacar!
¡Dios, de quien solo creer
es más justa reverencia
que no intentaros ver,
cuál impulso, qué violencia
aquí me pudo traer!
Señor, en mi celda estuve:
¿cómo me traéis aquí?
Mas... ¿qué prometida nube
de oro y Sol se acerca así
que sobre mis hombros sube?
Como si en una linterna
su cuerpo el Sol se encerrara,
le alumbra la luz interna
y la superficie clara,
bañada en su lumbre eterna;
juntos caminan los dos
al monte de vuestro cielo.
¿Qué es esto, divino Dios?
O es que Vos bajáis al suelo
o sube algún santo a Vos.
(Suspéndese el monje, y con música sube por una canal una figura de papa, con capa y tiara.)
¡Válgame el cielo!, podré
decir por este varón
que por las nubes se ve:
¿Quién es éste, que de Edón
sube, puesto que no fue
con vestidura vestida?
Sí, que es el alba ceñida,
y la capa y la tiara
vencen del Sol la luz clara
por el oriente esparcida.
¿Quién serás, confesor santo,
con ese precioso manto,
tú que por corona tienes
tres esferas en las sienes
que tus canas honran tanto?
Tu luz apenas resisto;
más bien muestras, verde cedro,
ya sobre el Líbano visto,
que eres sucesor de Pedro,
aquel Vicario de Cristo.
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