A pesar del éxito y la adaptación a varios ámbitos científicos, la debilidad en los idiomas extranjeros en general y en el inglés en particular parece ser un problema heredado que las generaciones mayores transmiten a las nuevas generaciones en Siria. Si echamos un vistazo a la historia del último siglo, descubrimos que, a pesar de la ocupación francesa de Siria, los sirios no hablan francés. El francés les resulta tan extranjero como cualquier otra lengua occidental. ¿Se trata de una oposición personal a las lenguas extranjeras? ¿Por qué nuestros vecinos del Líbano, por ejemplo, hablan bien el inglés y el francés? ¿Por qué mucha gente en el oeste árabe habla francés con fluidez, a veces incluso mejor que el árabe? ¿Son las tradiciones, la religión, el género, los medios de comunicación, el sistema educativo y las posturas políticas los responsables de la aceptación de las lenguas y culturas extranjeras o, por el contrario, de su abandono? El libro que nos ocupa presenta un intento auténtico y empírico de responder a estas preguntas y de ofrecer interpretaciones convincentes sobre la posición subdesarrollada de las lenguas y culturas británica y estadounidense en Siria.
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