El riesgo de TEV durante los viajes en avión, aunque subestimado, es real. La evolución creciente del tráfico aéreo internacional asociada a los factores de riesgo venoso propios de los pasajeros podría explicar el aumento de la incidencia de esta patología. Los viajes en avión, debido a sus condiciones particulares, especialmente la limitación de la movilidad, la deshidratación, la hipoxia y la hipobaria, parecen favorecer la aparición de accidentes tromboembólicos. La prevención de estos accidentes se lleva a cabo mediante la selección de los pasajeros con alto riesgo de complicaciones venosas y la aplicación de medidas de precaución en función de los factores de riesgo vinculados a la cabina mediante una hidratación suficiente durante el vuelo, el paseo por los pasillos del avión, la dorsiflexión de los pies y la respiración profunda repetida a intervalos regulares durante el vuelo. Los pasajeros con antecedentes personales de trombosis venosa profunda, embolia pulmonar, hipercoagulabilidad adquirida o congénita, cirugías recientes, pacientes con cáncer y obesos, y que viajen en vuelos de más de cuatro horas de duración, deben tener, además de las medidas generales, una farmacoprofilaxis.
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