Band 7
De Madrid a Nápoles
Aus der Reihe
Historia-Viajes
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Produktdetails
Format
ePUB 3
Kopierschutz
Nein
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Ja
Text-to-Speech
Ja
Erscheinungsdatum
01.04.2019
Verlag
LinkguaSeitenzahl
726 (Printausgabe)
Dateigröße
1767 KB
Sprache
Spanisch
EAN
9788499530383
De Madrid a Nápoles es un gran libro de viajes. En él se narra el itinerario que se indica en el título, que llevó a Pedro Antonio de Alarcón a recorrer Francia, Suiza e Italia. Sus minuciosas descripciones de lo cotidiano y de lo insólito han hecho de este libro una referencia de este género.
Fragmento de la obra
I. Marsella
El día 29 de agosto de 1860, a las ocho y media de la noche, salí de Madrid en el tren-correo con dirección a Valencia, a donde llegué al día siguiente a las doce de la mañana.
Valencia era para mí una antigua conocida y hasta una amiga si queréis. Por otro lado, yo la he descrito ya muchas veces en prosa y verso. Haré, pues, esta vez lo que hice aquel día; que fue entrar por una puerta y salir por otra, después de haber visado mi pasaporte en el consulado de Francia y de haber tomado mi pasaje en el vapor Philippe-Auguste, de las Mensajerías Imperiales, que debía partir aquella tarde para Marsella.
A eso de las cinco encontrábame ya a bordo. Tomé posesión del camarote en que había de vivir dos días, y subí sobre cubierta a hacer lo que hace toda persona bien nacida cuando abandona su patria: a mirarla con ojos de amor hasta perderla de vista.
A las seis levamos anclas y el vapor se puso en movimiento.
La mar estaba tranquila..., el Sol se había hundido tras el cabo de la Nao... Yo pensé en lo que se piensa y sentí lo que se siente en momentos semejantes. Bendije con la intención patria, familia y amigos, y cuanto dejaba en pos de mí..., y la campana me llamó a comer.
Encogime de hombros y penetré en el salón de popa.
Fragmento de la obra
I. Marsella
El día 29 de agosto de 1860, a las ocho y media de la noche, salí de Madrid en el tren-correo con dirección a Valencia, a donde llegué al día siguiente a las doce de la mañana.
Valencia era para mí una antigua conocida y hasta una amiga si queréis. Por otro lado, yo la he descrito ya muchas veces en prosa y verso. Haré, pues, esta vez lo que hice aquel día; que fue entrar por una puerta y salir por otra, después de haber visado mi pasaporte en el consulado de Francia y de haber tomado mi pasaje en el vapor Philippe-Auguste, de las Mensajerías Imperiales, que debía partir aquella tarde para Marsella.
A eso de las cinco encontrábame ya a bordo. Tomé posesión del camarote en que había de vivir dos días, y subí sobre cubierta a hacer lo que hace toda persona bien nacida cuando abandona su patria: a mirarla con ojos de amor hasta perderla de vista.
A las seis levamos anclas y el vapor se puso en movimiento.
La mar estaba tranquila..., el Sol se había hundido tras el cabo de la Nao... Yo pensé en lo que se piensa y sentí lo que se siente en momentos semejantes. Bendije con la intención patria, familia y amigos, y cuanto dejaba en pos de mí..., y la campana me llamó a comer.
Encogime de hombros y penetré en el salón de popa.
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