Band 314
Don Diego de noche
Aus der Reihe
Teatro
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Produktdetails
Format
ePUB 3
Kopierschutz
Ja
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Ja
Text-to-Speech
Ja
Erscheinungsdatum
31.08.2010
Verlag
LinkguaSeitenzahl
142 (Printausgabe)
Dateigröße
986 KB
Sprache
Spanisch
EAN
9788498971811
Don Diego de noche. Francisco de Rojas Zorrilla
Fragmento de la obra
Jornada primera
(Salen el Conde y don Bernardo.)
Don Bernardo: Cuando hay segura amistad
justamente se confía.
Conde: Con este engaño querría
conquistar la voluntad.
Don Bernardo: Si sabes la que te tiene
el príncipe de Aragón,
vanos los engaños son.
Conde: Aumentarla me conviene,
y si ambición te parece
querer agora aumentalla,
por lo menos conservalla
justa disculpa merece;
no da al capitán la gloria
don Bernardo, el conquistar,
sino es saber conservar
la gloria de la victoria;
quiéreme el Príncipe bien,
pero con esta ocasión
conservaré la opinión
y la esperanza también;
de la industria no te espantes,
que el amor, donde hay poder,
como el mal, suele tener
sus crecientes y menguantes;
él quiere perdidamente
a Lucinda de Aragón;
no es casamiento, aunque son
deudos; porque no es decente
que dentro del reino case,
que en lo demás le igualara;
ella, que en su honor repara,
de que se hiele o se abrase
tiene muy poco cuidado,
y así el Príncipe, celoso,
ronda esta calle, animoso
de que ha de hallar confiado
la causa por qué la deja.
Fragmento de la obra
Jornada primera
(Salen el Conde y don Bernardo.)
Don Bernardo: Cuando hay segura amistad
justamente se confía.
Conde: Con este engaño querría
conquistar la voluntad.
Don Bernardo: Si sabes la que te tiene
el príncipe de Aragón,
vanos los engaños son.
Conde: Aumentarla me conviene,
y si ambición te parece
querer agora aumentalla,
por lo menos conservalla
justa disculpa merece;
no da al capitán la gloria
don Bernardo, el conquistar,
sino es saber conservar
la gloria de la victoria;
quiéreme el Príncipe bien,
pero con esta ocasión
conservaré la opinión
y la esperanza también;
de la industria no te espantes,
que el amor, donde hay poder,
como el mal, suele tener
sus crecientes y menguantes;
él quiere perdidamente
a Lucinda de Aragón;
no es casamiento, aunque son
deudos; porque no es decente
que dentro del reino case,
que en lo demás le igualara;
ella, que en su honor repara,
de que se hiele o se abrase
tiene muy poco cuidado,
y así el Príncipe, celoso,
ronda esta calle, animoso
de que ha de hallar confiado
la causa por qué la deja.
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