La contemplación no es solo mirar y extasiarse. Es el exterior que se inserta en el interior de una persona, modelándola por dentro. Pero también es una devolución a la hora de observar cada detalle que podría ir desde una hormiga cargando el imposible peso de una hoja hasta un niño descalzo en una calle de tierra pasando por la hiel que podemos producir en nuestras entrañas. Es la búsqueda de lo mínimo, de lo imperceptible o de lo que muchos dan vuelta la cara. En suma, es incomodar.
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