Beschreibung
Produktdetails
Format
Kopierschutz
Nein
Family Sharing
Ja
Text-to-Speech
Nein
Erscheinungsdatum
21.04.2026
Verlag
TemisSeitenzahl
216 (Printausgabe)
Dateigröße
1309 KB
Auflage
1. Auflage
Sprache
Spanisch
EAN
9789583515224
quinientos de ellos para juzgar ese mismo día a un ágrafo imperecedero,
al viejo Sócrates. Según relata Platón, 281 de los jurados encontraron
responsable al maestro, mientras que 275 disentían de la condena; de
ser así, evidentemente, medió apenas una estrecha diferencia que podría
generar dudas del acierto de la decisión o, cuando menos, parece indicar
la subjetividad que la informaba. Bastaba persuadir de la inocencia del
acusado a tres de los jueces que lo encontraron responsable para igualar
el veredicto, lo que a juzgar por el número de ellos, no sería un asunto
difícil. Lo resuelto lo consideró el sentenciado a muerte una injusticia
de los hombres, mas no de las leyes. Aunque algunos de sus seguidores le
crearon la ilícita oportunidad de eludir su ejecución, Sócrates no quiso
fugarse; prefirió ser víctima de una injusticia a realizarla. Evadir el resultado de un juicio al que se había sometido sin que mediara la fuerza
o la sorpresa le parecía injusto, motivo de vergüenza y una conducta
que no concordaba con sus discursos sobre la virtud. A pesar de estimar
errado el fallo, lo respetó para no restarles fuerza a las leyes de la polis,
bajo cuyo amparo había crecido y a las que no había querido renunciar
durante sus 70 años de vida.
De los aspectos relevantes de este juicio, interesa subrayar que el
jurado decidía sin deliberación y en conciencia, después de haber jurado
votar de acuerdo con las leyes donde las hubiera, y en su defecto, lo más
justamente posible. Este postulado presupone, por un lado, que la ley
no lo regulaba todo, y por otro, que los ciudadanos, quienes por azar se
convertían en jueces, tenían cierto sentido de justicia, el cual debía asistirlos para tomar la decisión en lo que no dispusiera la ley.
Con notable licencia puede estimarse que para acertar en su decisión, el jurado asumía una postura racional del modo como se entiende
lo hacen actualmente los jueces. Si fuera así, cada uno de ellos tenía a
su cargo, en la intimidad de su reflexión, determinar si existía ley sobre
el punto que examinaba o si ante su ausencia se guiaba por lo justo
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